¿Buena o mala suerte?

Buena o Mala Suerte

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Nunca sabemos si algún evento en nuestra vida será para bien o para mal, con lo cuál relativizamos nuestra visión de las cosas, nos llenamos de paciencia y aprendemos a moderarnos en el triunfo.

Voy a contaros un cuento de origen Sufí, de Shikh Mohamed Jamaludín, quien murió en 1750, quien el escritor Carlos J. Vallés,  uno de los escritores más influyentes en mi vida, publica en uno de sus libros, y dice así:

Una vez, en una ciudad del más lejano Occidente, vivía una joven llamada Fátima. Era la hija de un próspero hilandero. Un día su padre le dijo: “Ven hija: haremos una travesía, pues tengo negocios que hacer en las islas del mar Mediterráneo. Tal vez tú encuentres a un joven atractivo, de buena posición, que podrías tomar por esposo”.

Se pusieron en camino y viajaron de isla en isla, el padre haciendo negocios, mientras Fátima soñaba con el esposo que pronto podría ser suyo. Pero un día cuando estaban camino de Creta, se levantó una tormenta y el barco naufragó. Fátima, semiconsciente, fue arrojada a una playa cercana a Alejandría. Su padre había muerto, y ella quedó totalmente desamparada.

Podía recordar sólo vagamente su vida hasta entonces, ya que la experiencia del naufragio y el haber estado expuesta a las inclemencias del mar la habían dejado completamente exhausta.

Mientras vagaba por la arena, una familia de tejedores la encontró. A pesar de ser pobres, la llevaron a su humilde casa y le enseñaron su oficio. De esta manera, ella inició una segunda vida, y en el lapso de uno o dos años volvió a ser feli, habiéndose reconciliado con su suerte. Pero un día, estando en la playa, una banda de mercaderes de esclavos desembarcó y se la llevó, junto con otors cautivos.

Por segunda vez, su mundo se había derrumbado, la llevaron a Estambul y la vendieron como esclava. En el mercado había pocos compradores. Uno era un hombre que buscaba esclavos para trabajar en su aserradero, fabricaba mástiles para barcos. Vió a Fátima y decidió comprarla.

La llevó a su hogar, con la intención de hacer de ella una sirvienta para su esposa. Cuando llegó a su casa, se dió cuenta de que había perdido todo su dinero al ser capturado su cargamento por piratas. No podía afrontar los gastos de tener trabajadores, de modo que él, su esposa y Fátima, quedaron solos para fabricar mástiles.

Fátima agradecida con su amo, trabajó tan duramente que él le dió la libertad, ella llegó a ser su ayudante de confianza. Así que era feliz en su tercera profesión.

Un día, él la envía a Java, como agente con un cargamento de mástiles, para que los vendiera. Ella se puso en camino, pero un tifón frente a las cosas de China hizo naufragar su barco y una vez más se vio arrojada a la playa de un país desconocido. Lloró amargamente otra vez… ella sentía que en su vida nada sucedía dse acuerdo con sus expectativas. Siempre que las cosas parecían andar bien, algo ocurría y destruía sus esperanzas.

Se levantó y caminó tierra adentro. Existía una leyenda en China que un día llegaría allí cierta mujer extranjera, capaz de hacer una tienda para el emperador, como nadie en China podía hacer tiendas, todo mundo esperaba el cumpimiento de aquella predicción.

Al ser extranjera la llevaron frente al Emperador, el cuál preguntó: ¿sabéis fabricar una tienda?- Creo que sí- dijo Fátima. Pidió sogas pero no había, de modo que recordó sus tiempos de hilandera y recogió lino y fabricó cuerdas. Pidió tela fuerte, pero no tenían la que ella necesitaba. Utilizando su experiencia con los tejedores de Alejandría, fabricó una tela resistente para hacer tiendas. Y recordando como había sido enseñada por el fabricante de mástiles, en Estambul, hizo unos sólidos mástiles que le sirvieron de palos para la tienda.

Fue así como levantó la tienda. El Emperador cumplió con su promesa de concederle cualquier deseo que ella expresara. Ella elgió establecerse en China, en dónde se casó con un atractivo príncipe y vivió rodeada de sus hijos hasta el fin de sus días.

Así, a través de estas aventuras Fátima comprendió que lo que había pareceido ser, en su momento, una experiencia desagradable, resultó ser parte esencial en la elaboración de su felicidad final.

Agregaré mi propia experiencia: he tenido que desarrollar mi vida en diferentes países, siempre como es de suponer, cuando llegas a un lugar nuevo, toca “recomenzar”, entonces tienes que tener mucha motivación para no desanimar y seguir adelante, pues tienes una familia a tu cargo. Alguna vez me pregunté que sería de mí en esta nueva travesía. Al final te das cuenta que todo cuánto has aprendido que la gente que has conocido, que todo cuánto has vivido, no han sido más que maestros que te han enseñado para que hoy seas quien eres.

Ya estoy deseando que mi nueva travesía continúe llevándome por otros mundos, otros universos y que me deje seguir explorando en los que me encuentro. No debemos lamentarnos, aprendamos las lecciones que la vida nos da y luego utilicémosla para seguir avanzando hacia la tan anhelada cumbre del éxito personal y profesional.